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Lucía Etxebarría:'La cultura británica es muy protestante y está muy reprimida sexualmente'

Por Laura Rodríguez

Uno ha escuchado historias de todo tipo sobre Lucía Etxebarría.

Desde el éxito masivo de su primera novela Amor, curiosidad, prozac y dudas, la escritora se ha convertido en uno de los autores más leídos en España. Y también de los más controvertidos.

La acusación de plagio que recibió por dos de sus libros así como sus apariciones provocadoras en algunas tertulias de televisión, han ayudado a difundir una imagen de la escritora que, según ella, tiene mucho de irreal.

“A mí el éxito me hizo mucho daño. He visto como se difundían leyendas que son totalmente falsas, como que yo dije que la palabra murciélago es la única con cinco vocales en español”, explicó en la conferencia que vino a dar como parte del congreso que organizó el Centre for Contemporary Women’s Writers de la Universidad de Londres.

Acercarse a hablar con Lucía Etxebarría, en cualquier caso, no es algo que pueda hacerse desde una posición neutral. Cuando llega me da la sensación de que no le gustan los periodistas —al saludarme me estruja la mano como si fuera una pelota antiestrés— pero una vez que se relaja parece que se olvida de que estoy grabando y habla de su vida sin demasiado pudor, como esos compañeros de asiento que te tocan al viajar en autocar y son capaces de enlazar una historia tras otra sin parar.   

“Yo he estado en Londres muchas veces”, dice al pedirle que hable de su relación con la ciudad. “Tres de mis hermanos tienen nacionalidad británica porque mis padres vivieron en Gales y en Londres muchos años. La primera vez que yo vine tenía 9 años y me impresionaron mucho los juguetes y una cosa que se llamaba Haliborange, unas pastillas de Vitamina C e hígado de bacalao a las que me hice adicta”.

Lucía Etxebarría, en realidad, conoce bastante bien el Reino Unido. Se licenció en Filología inglesa y en el año 2000 trabajó seis meses en la universidad escocesa de Aberdeen en donde fue investida Doctor Honoris Causa. “El mayor interés que tienen aquí con la literatura tiene mucho que ver con el clima y con cómo son sus relaciones sociales. Aquí no conocía a nadie, subía a mi casa y nadie me hacía ni caso. No es como en España que tienes vida de barrio. En Madrid yo bajo con el perro y le digo hola al del quiosco, hola a la del herbolario, dos holas a los camareros. Me hago una turné.”

Algo que, según explica, sacia una necesidad que aquí se sustituye con grupos de lectura, de madres y de otros intereses que no puedes compartir con tus propios vecinos. “En España en vez de un grupo de lectura tienes cuatro amigos que leen y ya les cuentas; en el bar o donde sea”.

En su último libro Lo verdadero es un momento de lo falso los comentarios se pasaron también a las nuevas redes sociales. La novela cuenta las aventuras sobre un cantante de música punk, Pumuky, para el que Etxebarría se inventó todo un perfil en Facebook con la ayuda de sus amigos. “El tío tenía más admiradores que yo”, dice, “era fascinante porque al ser un personaje podía contar todo lo que una persona normal no puede decir: que le estaba poniendo los cuernos a su novia, que ayer había follado con una, que se encontraba mal porque se había metido veinte rayas.”

Pero la historia solo duró dos meses. Con la aparición de la novela, Etxebarría decidió acabar con el personaje y quedarse con algunas experiencias curiosas de la aventura.

“El experimento de cambiar de género, porque yo era un hombre, fue increíble. Había mujeres que me escribían cartas de amor y se enamoraban de mí porque es mucho más fácil seducir a una mujer si eres una mujer.”

Desde sus primeros libros, Lucía Etxebarría ha hablado de mujeres y se ha quejado del estereotipo físico al que están sometidas a través de modelos e imágenes tratadas con Photoshop. Incluso cuando iba a tener su primera hija sintió esa presión. “Cuando estás embarazada tu único referente son modelos que están más delgadas que yo ahora. En los catálogos de mamás las fotos están muy retocadas. Al final te crees que tú eres la única embaraza gorda del mundo”.

Un conflicto que, asegura, no es fácil de combatir. “Hace un tiempo me fui a Marruecos después de haber estado en San Sebastián, donde tenía auténticos complejos con mi cuerpo: era la más gorda de la playa y no bajaba en bikini. Cuando llegué a Marruecos, sin embargo, me daba vergüenza ir en bañador. No por pudor o porque las marroquíes no vayan en bikini sino porque allí las mujeres delgadas no gustan y no me dejaban de mirar.”

La anécdota de la escritora podría ilustrar un artículo sobre la manipulación de los medios y la publicidad pero ella asegura su eficacia. “Al volver a Madrid todas las mujeres me parecieron delgadísimas”, continúa, “Es increíble cómo en un solo mes en el que me alejé del bombardeo de imágenes de modelos desnudas me cambió la percepción.”

En el Reino Unido, según ella, los mensajes no son tan exagerados como en España aunque tiendas de lencería erótica como Ann Summers también muestran a la mujer como un objeto sexual. “Tienen cosas de sado extremo que me escandalizaron hasta a mí. En España hay tiendas de porno para mujeres con vibradores monísimos pero nunca verás a una mujer comprando sado. Las tiendas tipo Anne Summers no significan más liberación sexual”.

Y ¿qué opina sobre la larga tradición del feminismo en este país? “A mí no me parece que las mujeres aquí estén más liberadas. Esta es una cultura muy protestante y sexualmente muy reprimida. Lo digo porque he tenido muchos amantes británicos y sé que es muy difícil entenderte. Aquí pueden puede que estén enamoradísimos de ti pero tú no lo vas a saber.”


 
     
28 Abril 2017
 

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