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Barrios: Los secretos de Mornington Crescent

Por Berta Barona

Mornington Crescent es una de esas zonas de Londres aparentemente sin alma, salvada por varios locales de música en directo y la cercanía del siempre célebre Camden Town. Indagando un poco en la historia de la zona, se descubren sin embargo interesantes acontecimientos que ponen color a un entorno grisáceo.

Mornington Crescent es tanto la estación de metro como la calle muy cerca de ésta, de la que tomó el nombre, y también el juego que lleva décadas encandilando a los oyentes de BBC radio 4. 

La infancia de Mary Poppins

Una de estas historias nos descubre a la niña Julie Andrews como una de las vecinas célebres del barrio. A los 5 añitos, esta gran voz del siglo XX vivió en el número 1 de Mornington Crescent.

Según la reciente biografía de la artista Julie Andrews: An intimate biography, de Richard Stirling, la zona estaba sucia y fuera de moda cuando la pequeña Julie se mudó allí con su madre y su padrastro en 1940. La casa daba a las vías del tren y estaba al lado del edificio Carreras Factory, hoy renombrado Greater London House, que alberga diversas empresas de comunicación.

De estilo art-déco, con dos enormes gatos egipcios flanqueando la entrada principal, la estructura llama la atención y agrada la vista al visitante que sale del metro o viene en autobús por Hampstead Road. La historia de este edificio se remonta al siglo XIX, cuando el noble español José Carreras se asentó en Londres con su próspero negocio de tabaco. Fue construido en 1926 como fábrica de la compañía y a lo largo de los años perdió su esplendor, pero fue recuperado gracias a una restauración en los años 90.

Julie Andrews no fue feliz en esta casa, desafortunadamente. No le gustaba su padrastro Ted, del que la madre de Julie se enamoró abandonando a su esposo, de nombre también Ted, y, peor aún, le aterrorizaban las bombas que llegaron al barrio durante la Segunda Guerra Mundial.

La familia se resguardaba en los andenes del metro de Mornington Crescent de las acometidas del enemigo alemán. En un refugio parecido, tres años más tarde, los padres de Julie descubrirían, casi accidentalmente, su poderosa voz. Mientras Ted tocaba la guitarra, los vecinos cantaban para matar el tiempo, y fue durante una de estas celebraciones espontáneas que la voz de la niña destacó irremediablemente por encima de las demás.

Con una laringe perfectamente desarrollada a pesar de su edad (según pronóstico del médico) y tres octavas más que la voz media, la carrera musical de Julie Andrews quedó sellada para siempre.

Walter Sicker y Jack el Destripador

Otro famoso que vivió en Mornington Crescent fue el pintor anglo-alemán Walter Sickert, integrante del postimpresionista Camden Town Group. Interesado en retratar escenas urbanas, se fascinó por los crímenes del famosísimo Jack el Destripador, allá por 1888, llegando a ser acusado de ser él mismo el culpable de los crímenes.

La casera del pintor sospechaba que el anterior inquilino del número 6 había sido el mismísimo asesino múltiple. Así, Walter Sickert retrató el cuarto en el cuadro El cuarto de Jack el Destripador.

Esta obra, el interés del pintor por otro acontecimiento truculento, el “Crimen de la ciudad de Camden”, y su carácter histriónico, le convirtieron en objetivo de las investigaciones. Desde entonces ha existido una extensísima literatura en torno al tema, desde quienes le acusan de ser cómplice de los homicidios a los que dicen que fue él y solo él.

Sea como fuere, lo cierto es que después de más de un siglo nadie ha podido descubrir a ciencia cierta la verdadera identidad del asesino en serie más famoso de todos los tiempos. El secreto se lo llevó a la tumba.

I'm sorry I haven't a clue

El juego Mornington Crescent, que toma el nombre de la calle y la estación de metro, y no al revés, se escucha en el show de BBC radio 4 "I´m sorry I haven't a clue" desde 1978. Es un complicado juego de estrategia con dosis de humor que gana quien antes pueda nombrar la estación Mornington Crescent, y que hace un recorrido por estaciones de metro de Londres.

La estación tiene, además, si cabe, cierto halo fantasmagórico. En 1992, el deplorable estado de los ascensores obligó a cerrarla para hacer ingeneering works durante un año, que al final se convirtieron en seis.

Al estar en la rama izquierda de la Northern Line, entre Euston y Camden Town, no cundió la prisa por reabrir la estación después del tiempo previsto, y no fue hasta que la popularidad de la colindante zona de Camden creció en demasía que volvieron a abrirla.

Los seis años que la estación estuvo “en el limbo” pueden guardar otros muchos secretos, los cuales exceden la extensión de este artículo y merecen una exhaustiva investigación… Quizá podríamos preguntar a los ratones.


 
     
29 Junio 2017
 

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